Racismo y Derechos humanos en paralelo: a propósito de la Directiva Retorno

La Paz, 18 de Junio de 2008 por Elizabeth Peredo Beltrán

Al mismo tiempo que en Brasil se inauguraran esta semana las sesiones preparatorias para la Conferencia de Revisión de Durban sobre el racismo a realizarse el año 2009 para analizar los resultados de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y otras Formas Conexas de Intolerancia de 2001; en el otro lado del mundo, los parlamentarios la Unión Europea han aprobado por 369 a favor, 197 en contra y 106 abstenciones la Directiva Retorno destinada a armonizar las normas de inmigración de los 27 países europeos que incluye la expulsión de inmigrantes indocumentados bajo un régimen policial de vulneración de derechos y criminalización pocas veces vista.

Una muestra más de la ezquizofrenia global instalada en el mundo que, por un lado aplica, políticas sociales excluyentes y destinadas a fomentar la concentración injusta de las riquezas, efectiviza políticas y reglas de comercio que legalizan la exacción de los recursos públicos y las reservas naturales del planeta y, por otro lado, con mecanismos mucho menos vinculantes y efectivos, se busca normar las relaciones entre los seres humanos bajo los principios de los derechos humanos y la justicia, curiosamente construidos a partir de aquel gran quiebre civilizatorio que fue el fascismo y el exterminio de millones de judíos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

La Directiva Retorno

El viejo continente Europeo que creció alimentado de las riquezas y los recursos de sus colonias en África y América y que en tiempos de opulencia se hizo de la vista gorda de millones de inmigrantes que cubrieron con sus servicios y fuerza de trabajo los oficios despreciados de limpieza, recojo de basura, trabajo doméstico, cuidado de enfermos y ancianos, hoy, en un contexto de evidente desaceleración del crecimiento, aprueba la Directiva Retorno elaborada minuciosamente y al detalle para “borrar” de su territorio a los indeseables y clandestinos. Estamos hablando de más de 8 millones de inmigrantes en Europa.

Elaborada por los ministros del interior de los 27 países de la Unión Europea con una “creatividad” cultivada en la paranoia que criminaliza al sur y estigmatiza al Otro, la Directiva Retorno establece una serie de mecanismos para combatir la “amenaza” de la inmigración extranjera, argumentando que la detención posible hasta 18 meses en centros de internación especiales, la posibilidad de aplicar iguales medidas represivas a los menores no acompañados así estuvieran en escuelas, a mujeres embarazadas y la prohibición de volver a Europa por 5 años luego de este proceso, entre otras medidas, servirá para que los inmigrantes “estén más seguros”. Rasgo típico del etnocentrismo occidental que se cree con el derecho de “interpretar y decidir” lo que los Otros necesitan para ser más “civilizados”.

Esta Directiva que es la culminación de un proceso de restricciones progresivas a los derechos los migrantes en situación irregular refleja la cara más oscura de una “Europa sin alma”, como afirman analistas europeos, que construye un territorio para “competir en el mundo”, aspiración expresada en las directrices señaladas por su Secretario de Comercio Mandelsson, pero además caracterizado por lo que se ha dado en llamar la Europa Fortaleza cada vez más militarizada. Además de retroceder en la aplicación de los pactos y convenios sobre derechos humanos, derechos de los migrantes, obliga a los países europeos que tienen reglas más humanas y tolerantes a la migración a aplicar este “umbral” de normas policíacas.

Comercio, exclusión y construcción de territorios

Estos mecanismos globales están signados por los mandatos dominantes del imperio: la exclusión, la intolerancia y el abuso que se cultivaron sistemáticamente y de manera más intensa a partir de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos, instalando en el mundo la cultura del miedo y la prevención exagerada ante el enemigo extranjero. Un contexto que en parte explica la construcción del Muro de la Xenofobia en la frontera de USA con México, la Directiva de la Vergüenza de la UE y las millones de historias personales y dramas familiares de migrantes, y en particular de mujeres, producto de una marginalidad y un racismo estructural en la que los países desarrollados tienen una gran co-responsabilidad.

Una declaración de la sociedad civil sobre el proceso Durban, señala que los territorios de los pueblos indígenas y originarios en el sur se ven severamente afectados por políticas de apertura comercial a las inversiones privadas (europeas, asiáticas, estadounidenses) que avalan una explotación indiscriminada de los “recursos naturales y conocimientos sin consulta previa, libre e informada, sin el consentimiento de los pueblos indígenas...” lo que en muchos casos” –señala- “ocasiona el desplazamiento forzado de las comunidades”. Curioso que a tiempo de vulnerar los territorios del sur se establezcan medidas dirigidas a proteger sus territorios, al parecer el espacio territorial es un signo crítico de nuestros tiempos.

En el mismo esquema ambivalente, la Unión Europea negocia acuerdos de asociación con África, Centro América y la Comunidad Andina en que de forma atractiva y “civilizada” incluyen los pilares de diálogo político y cooperación junto al pilar del comercio. ¿Qué lugar tendrán el debate sobre la migración, la deuda histórica y los derechos humanos en este ámbito?. La interpelación planteada por la carta de Evo Morales afirma –no sin razón- que los acuerdos otorgan todas las facilidades para la circulación de mercancías y capital, pero no se aplica el mismo principio con los seres humanos, ni se consideran de manera consecuente las garantías para sus derechos humanos y sus aspiraciones de bienestar.

Morales cuestiona en su carta las presiones de la UE para que los andinos acepten un esquema de libre comercio, mientras que Bolivia ha venido planteando que la UE debe tomar en cuenta los diferentes enfoques económicos de la CAN y no buscar uniformizar la CAN detrás de una posición de libre comercio, posición asumida por los cuatro países andinos mediante la Decisión de Tarija en la que acordaron respetar en esta negociación de bloque a bloque las asimetrías y los enfoques de cada país.

Los debates paralelos

En el otro carril, los delegados reunidos en Brasilia: gobiernos, representantes del sistema de las Naciones Unidas y cientos de activistas y organizaciones sociales debaten propuestas, mecanismos y medidas con relación al proceso preparatorio de la Conferencia de Revisión de Durban que tiene por misión evaluar los avances de la Declaración de Durban destinada a combatir el racismo en el mundo; ellos expresan la convicción de millones de personas convencidas de que sus esfuerzos deberán tener un resultado positivo.

Ilusiones, quizá, que no acaban de atar los cabos sueltos de un sistema que prioriza lo comercial, policíaco y militar antes que lo humano, el equilibrio con la naturaleza y el bienestar colectivo y que ha desarrollado mecanismos muy efectivos para asegurar el bienestar de unos pocos.

En el marco de esta reunión las alertas están ya planteadas en una declaración de las organizaciones de la sociedad civil emanada de las deliberaciones de estas semanas en las que señalan que “A siete años de la aprobación de la Declaración y el Plan de Acción de Durban, no obstante los esfuerzos de la Sociedad Civil y de algunos Estados de la región, no existe la institucionalidad ni los recursos presupuestarios necesarios para implementar los compromisos establecidos, y los Estados no han creado las condiciones para una participación efectiva y paritaria de la sociedad civil en el diseño, implementación de las políticas.”

Las reacciones de los pueblos, una fuerza en crecimiento

Miles de organizaciones en el mundo han reaccionado contra la Directiva Retorno, demandando parar esta especie de apartheid renovado al cobijo del sistema neoliberal. La mayoría de los gobiernos de América del Sur se han pronunciado y el presidente Correa de Ecuador ha llamado a conformar un frente sudamericano de resistencia a esta medida. Entidades como Amnistía Internacional no han dejado demostrar su indignación, asegurando que esta directiva "no garantiza el retorno de los inmigrantes irregulares de manera digna y segura" y dice que es "un muy mal ejemplo para otras regiones en el mundo" y pide a los Estados miembros que ya aplican más garantías que las previstas en esta directiva, como España, que no aprovechen su aprobación para rebajarlas. La Federación Estatal de Asociaciones de Inmigrantes y Refugiados en España (FERINE) lamenta que esta medida "abrirá aún más la brecha entre autóctonos e inmigrantes". Save the Children considera que la directiva "no reúne las garantías necesarias para la protección de los menores extranjeros no acompañados" y que fomentará las condiciones para un mayor maltrato, abusos, riesgos de caer en redes de explotación sexual o laboral. La Organización de Naciones Unidas (ONU) critica la directiva de la UE por "fraccionar" los derechos humanos. La Asociación Jueces para la Democracia advierte que esta medida “potencia la posibilidad de un poder administrativo exhorbitante y autónomo con escasísimas posibilidades de control judicial real y efectivo". La Central General de Trabajadores europea también ha condenado esta medida.

En varias ciudades de Europa, manifestantes en las calles se pronunciaron agitando carteles contra la “Directiva de la Vergüenza”, denominación acuñada por Evo Morales en una carta a la UE que ha sido respaldada por miles de organizaciones exigiendo que no se apruebe esta nueva norma. En uno de sus párrafos la carta hace un llamado a nombre de todas las regiones del mundo a las que pertenecen los migrantes en Europa a cambiar la Directiva Retorno:

A nombre del pueblo de Bolivia, de todos mis hermanos del continente y regiones del mundo como el Maghreb y los países de África, hago un llamado a la conciencia de los líderes y diputados europeos, de los pueblos, ciudadanos y activistas de Europa, para que no se apruebe el texto de la "directiva retorno". Tal cual la conocemos hoy, es una directiva de la vergüenza. Llamo también a la Unión Europea a elaborar, en los próximos meses, una política migratoria respetuosa de los derechos humanos, que permita mantener este dinamismo provechoso para ambos continentes y que repare de una vez por todas la tremenda deuda histórica, económica y ecológica que tienen los países de Europa con gran parte del Tercer Mundo, que cierre de una vez las venas todavía abiertas de América latina. No pueden fallar hoy en sus “políticas de integración” como han fracasado con su supuesta “misión civilizatoria” del tiempo de las colonias.

Reciban todos ustedes, autoridades, europarlamentarios, compañeras y compañeros saludos fraternales desde Bolivia.
Y en particular nuestra solidaridad a todos los “clandestinos”.

Multitudinarias voces de protesta en el mundo dan testimonio de que en el alma que los pueblos sí tienen crece el enorme y profundo cuestionamiento al sistema y las reglas que las potencias construyen para cuidar sus espacios y privilegios, mientras que por otro lado elaboran con detalle los mecanismos sutiles y no sutiles para acceder a los territorios del sur, aún plenos de biodiversidad, tierras, agua, fuerza de trabajo barata, con las consecuencias sociales y ambientales como el cambio climático, la crisis de alimentos y los desplazamientos humanos.

Un nuevo pacto es necesario para la sobrevivencia de la especie y para vivir en armonía, sin embargo sus bases deben ser encontradas también en esa memoria larga para dar cuenta de que las diferencias en bienestar y acumulación no obedecen a leyes divinas, sino a procesos sociales que a estas alturas deberíamos considerar como deuda histórica para reencauzar la equidad y la justicia global.