Entre el 7 y el 18 diciembre de 2009 se llevará a cabo en Copenhague, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, COP15, en donde los gobiernos de todo el mundo tratarán de llegar a nuevos compromisos en la reducción de emisiones de carbono y definir políticas para la mitigación del cambio climático. Ante la inmediatez y la percepción creciente de las peligrosas consecuencias de este fenómeno, el mundo entero está a la expectativa de las decisiones que allí se tomen.
Sin embargo, las transformaciones del clima avanzan más rápido que las negociaciones, pues la falta de voluntad política de los países industrializados y su afán en transformar la urgencia de soluciones en una oportunidad de negocios y mercantilización son los principales obstáculos para la adopción de políticas que realmente contribuyan a evitar el cambio climático y a contrarrestar los daños ambientales que ha generado el modelo productivo. Frente a ello, los movimientos y organizaciones sociales y populares, ambientalistas, sindicales, indígenas y de mujeres de todo el continente americano alzamos las banderas de la justicia climática y ecológica, exigimos de nuestros gobiernos un compromiso real e instamos a la sociedad en su conjunto a reconocer la necesidad de un cambio en los patrones de consumo y producción.
En los últimos años es cada vez más evidente que el clima está cambiando, a causa del calentamiento global. Esto se refleja, entre otros impactos, en el aumento de los eventos climáticos extremos, que afectan desproporcionadamente los países llamados en vías de desarrollo. Se trata de un grave problema que enfrenta la humanidad, en la medida en que agudiza otros problemas ya existentes como la pobreza, el hambre, la violencia, las desigualdades sociales y en particular las de género (el 70% de las personas empobrecidas son mujeres), el control territorial, la soberanía alimentaria, el acceso al agua y al saneamiento, entre otros.
¿Quienes son los responsables?
Las organizaciones sociales de América Latina creemos que es necesario buscar soluciones a partir de la búsqueda de una Justicia Climática y Ecológica, la cual se debe basar en el reconocimiento de que cada ser humano tiene derecho al espacio climático y ambiental y que la naturaleza en su conjunto tiene derechos que deben de ser respetados. Si bien el cambio climático requiere acciones globales, la responsabilidad histórica de haber emitido la mayor parte (80%) de gases de efecto invernadero en los últimos 250 años es de los países del Norte. La energía barata ha sido el motor para su rápida industrialización y crecimiento económico, mientras que los pueblos del Sur han asumido los costos económicos, sociales y ambientales de la extracción, transporte y producción de combustibles fósiles. Los países del Norte deben reconocer la existencia de una deuda ecológica, social, financiera e histórica con los pueblos del Sur y con la naturaleza.
La crisis sin precedentes que hoy vive el mundo, revela el fracaso del sistema capitalista y su modelo neoliberal, cuyos ideólogos pensaron –y piensan aún- que las leyes del mercado estaban por encima de la vida haciendo de los recursos naturales una mercancía y apartando al Estado de sus roles de regulación, proteccion y promocion, para convertirlo en un simple gestor. La crisis climática es el resultado de un modelo de desarrollo que promueve la producción basada en el uso de combustibles fósiles, la deforestación, los monocultivos, la agricultura y ganadería industriales, la extracción intensiva, desordenada y masiva de recursos naturales del subsuelo, con una orientación esencialmente exportadora y fortaleciendo en los países del Norte y en las clases altas patrones de consumo exagerados, todo lo cual contribuye a la generación y concentración de gases de efecto invernadero, causa directa del cambio climático.
Las grandes empresas y los gobiernos cómplices de éstas son entonces los principales responsables de la emisión de CO2 y del agotamiento de los recursos del planeta, al mismo tiempo, son los encargados de promover un ritmo de consumo acelerado y sin límites que cierra el círculo del desgaste y destrucción de la Madre Tierra. En palabras de Evo Morales, “El “cambio climático” ha colocado a toda la humanidad frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida”.
La liberalización y desregulación del comercio internacional y de las inversiones y la protección a la propiedad intelectual (impuestas a través de la OMC y los Tratados de Libre Comercio) contribuyen al cambio climático en la medida en que garantizan e impulsan la continuidad del modelo de producción, consumo y comercio y profundizan la división internacional del trabajo que ha desestructurado las economías del Sur, provocando grandes flujos migratorios. Así también, el endeudamiento ilegitimo de nuestros países, impuesto para favorecer políticas y proyectos que han generado enormes deudas ecológicas y climáticas, continúa siendo un factor de peso en estas relaciones de desigualdad y sometimiento. Es urgente cambiar las reglas de la economía mundial dirigida por las empresas transnacionales. Además, es muy importante garantizar el acceso de los países del Sur a las tecnologías existentes y desarrollar a su vez nuevas tecnologías con bajas emisiones de carbono y apropiadas a las realidades nacionales, sin que se conviertan en fuente de dependencia financiera o tecnológica.
Nuestras demandas
En el marco de este modelo extractivista y exportador que privilegia los beneficios económicos y los derechos de las empresas transnacionales frente a los derechos humanos y los de la naturaleza, los principales responsables han propuesto algunas soluciones al cambio climático, que lejos de contrarrestar sus verdaderas causas, mantienen las estructuras insustentables de producción y consumo y proyectan cargar sobre las espaldas de los pueblos y países más afectados, los costos de cualquier mitigación o adaptación.
Los países desarrollados no han cumplido los compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, previstos en el Protocolo de Kyoto, y se ha generado un sistema de comercio de emisiones que estimula prácticas de no reducción de carbono, en vez de contribuir a su eliminación, reproduce la lógica de especulación del sistema financiero y permite a los gobiernos y a las empresas del Norte eludir con dinero las obligaciones asumidas en reducción de emisiones.
Los agrocombustibles no constituyen una solución real a la problemática ambiental. El cambio en el uso de tierras para el cultivo de palma y caña, pone en riesgo la soberanía alimentaria, los bosques, la biodiversidad y la relación con el territorio de las comunidades rurales y originarias; su función es mantener los patrones de consumo energético de los países industrializados.
Los mecanismos de mercado son construidos sobre la base de la manipulación y el cabildeo empresarial, incentivados e incluso financiados por el Banco Mundial, el BID y otros bancos de desarrollo, inversores y prestamistas. Se trata de mecanismos lentos y engorrosos, que excluyen a las comunidades locales y a los pueblos indígenas de las decisiones que afectan sus territorios. Estos instrumentos no resuelven la crisis del clima y, por el contrario, permiten al Norte trasladar su obligación de reducir emisiones y el problema a los pueblos del Sur.
Las negociaciones recientes de Bangkok y Barcelona, previas a la reunión de Copenhague, han sido un escenario para que los países del Norte condicionen los acuerdos y la reducción de sus emisiones al compromiso de los países del Sur, a quienes culpan de la falta de resultados y convenios. Exigimos la participación de todos los países en la búsqueda de soluciones al cambio climático, pero reconociendo que para ser efectiva, esta debe partir del respeto y cumplimiento de los compromisos y obligaciones diferenciales aceptados por los países industrializados hace ya más de 15 años, de acuerdo con su responsabilidad histórica en la generación del mismo. Aún si se avanzara en compromisos del Sur, nada garantiza que la mitigación por parte de los países del Norte sea efectiva (y no utilice falsas soluciones de mercado, como ha ocurrido hasta ahora).
Las Instituciones Financieras Internacionales, co-responsables de la actual crisis global, financiera, económica y climática, promueven soluciones de mercado a través de programas de crédito que les permiten mantener el status quo y continuar interviniendo en la política económica y social de los países del Sur. En consecuencia, exigimos el cese inmediato de la actuación de las Instituciones Financieras Internacionales que sólo contribuyen a imponer la lógica especulativa en el manejo de los asuntos del clima. Ningún recurso destinado a la mitigación o adaptación del cambio climático debe transformarse en deuda.
Demandamos de los países industrializados un compromiso en la restitución y reparación a los pueblos y países del Sur, a través de mecanismos y flujos alternativos de fondos y de la transferencia de tecnologías para asegurar la vida de todo el planeta, así como la creación de una corte internacional de justicia climática. Las reparaciones necesitan basarse en la autodeterminación de los pueblos y en la garantía de la no repetición.
Todos los gobiernos deben promover alternativas tecnológicas que contribuyan a la mitigación de los efectos del cambio climático. Así mismo, es indispensable discutir las propuestas en curso, como el programa REDD (Reducción de Emisiones derivadas de la Deforestación y Degradación), que da prioridad a los monocultivos de árboles en lugar de la protección de las selvas tropicales, ofreciendo a los países industrializados una forma de compensar el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero pero sin comprometerse a una reducción de las mismas.
Alternativas desde las Américas
Las organizaciones sociales, reclamamos de nuestros gobiernos priorizar el fortalecimiento de las economías locales y regionales, la agricultura campesina, el reconocimiento de los derechos de las mujeres y hombres trabajadores, indígenas, campesinos, pescadores a proteger sus territorios y recursos naturales. Deben promover la transición hacia sociedades sustentables que no se basen en los hidrocarburos. Son necesarias políticas públicas que garanticen una transición justa hacia otra economía, para que no sean siempre los mismos los que pagan.
Las negociaciones internacionales sobre clima no pueden basarse en los mecanismos de mercado, sino que deben contribuir a revertir el modelo de desarrollo basado en el crecimiento irrestricto y orientado a la exportación, planteándose la necesidad de un nuevo modelo de producción, distribución y consumo, basado en la soberanía, la solidaridad, la integración de los pueblos y en una relación armónica con la naturaleza, esto incluye el ejercicio del derecho al consentimiento previo, libre e informado de las comunidades y pueblos. Exigimos que los responsables del cambio climático transformen el estilo de vida consumista y el sistema económico que le han impuesto a la sociedad.
Entre los pueblos indígenas, las mujeres, las comunidades campesinas y afrodescendientes de nuestros países, en particular, se ha promovido la defensa de proyectos de vida sustentables. Junto con otros movimientos sociales han venido construyendo una visión distinta del territorio, del desarrollo y de la economía que enfatiza el uso sustentable de los recursos y la biodiversidad. Es necesario reconocer y revalorizar los saberes comunitarios y las prácticas tradicionales basadas en la convivencia con la madre tierra y el respeto de sus derechos.
Nuestro continente es heterogéneo. Desde altas concentraciones urbanas hasta pueblos que promulgan el Buen Vivir. Debemos nutrirnos de estas realidades para formular alternativas, exigir a los gobiernos compromisos efectivos y avanzar en la lucha de los pueblos por la soberanía y la justicia social y climática.
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Between the 7th and 18th of December, 2009 during the UN Conference on Climate Change (COP15) in Copenhagen, world governments will attempt to make commitments for reducing carbon emissions and lay out policies for mitigating climate change. In the face of the urgency and the growing recognition of the dangerous consequences of this phenomenon, the whole world is awaiting the decisions that will be made.
Nonetheless, the transformation of the climate is advancing faster than the negotiations, given the lack of political will of the industrialized nations and their hurry to transform the need for solutions into business opportunities. These are the principle obstacles to the adoption of policies that truly contribute to avoiding climate change and counteracting the environmental damages that the current production model has created. In the face of such obstacles social and popular movements and organizations, environmental groups, unions, indigenous communities and women’s organizations from the entire American continent raise the flags of climate and ecological justice, demand from our governments a real commitment and urge the whole of society to recognize the need to change our patterns of consumption and production.
In recent years it has been more and more evident that the climate is changing due to global warming. This is reflected in, among other impacts, the increase of extreme climate events that affect disproportionally the so-called developing countries. This is a grave problem that humanity faces, heightening other existing problems like poverty, hunger, violence, social inequality, problems of gender (women make up 70% of poor people), the control of land, food sovereignty, access to water and sanitation, among others.
Who is responsible?
We the social organizations of Latin America believe that it is necessary to seek solutions through the search for Climate and Ecological Justice, which should be based in the recognition that each human being has the right to climatic and environmental space and that nature, as a whole, has rights that should be respected. Although climate change requires global actions, the historical responsibility for emitting the majority (80%) of the greenhouse gases in the last 250 years lies on the countries of the North. Cheap energy has been the motor for their rapid industrialization and economic growth, while the countries of the South have assumed the economic, social and environmental costs of extradition, transport and production of fossil fuels. The countries of the North should recognize the existence of an ecological, social, financial and historical debt to the countries of the South and to nature.
The unprecedented crisis that the world is currently living reveals the failure of the capitalist system and its neoliberal model, whose ideologues believed – and still believe – that the laws of the market are more important than life, converting natural resources into merchandise and removing the State from is role to regulate, protect and promote, converting the State into a mere manager. The climate crisis is the result of a development model that promotes production based upon the use of fossil fuels; deforestation; monoculture; industrial agriculture and cattle farming; and the intensive, chaotic and massive extraction of natural resources from the earth, all with the aim of exportation and of strengthening in the countries of the North and in the upper classes patterns of exaggerated consumption, which have contributed to the generation and concentration of greenhouse gases, the direct cause of climate change.
The major corporations and their accomplice governments are therefore those principally responsible for the emission of CO2 and the exhaustion of the planet’s natural resources, and at the same time are those promoting an accelerated and limitless rhythm of consumption that is closing the circle of the debilitation and destruction of Mother Earth. In the words of Evo Morales, “‘climate change’ has placed humanity in the face of a grave dilemma: continue on the path of capitalism and death, or embark on the path of harmony with nature and respect for life.”
The liberalization and deregulation of international commerce and the investment and protection of intellectual property (imposed via the WTO and Free Trade Agreements) contribute to climate change because they guarantee and promote the continuation of the production, consumption and commercial model and deepen the international division of labor that has destroyed the economies of the South, provoking great migratory waves. In addition, the illegitimate indebting of our countries, imposed to favor the policies and projects that have generated enormous ecological and climate debts, continue being a heavy factor in these unequal and submissive relationships. It is imperative to change the rules of the world economy, currently governed by transnational corporations. Additionally, it is very important to guarantee access for the countries of the South to existing technology and to at the same time develop new technologies with low carbon emissions that are appropriate to national realities without becoming the source of financial or technological dependence.
Our demands
In the context of this exportation and extraction model that prioritizes economic benefits and the rights of transnational corporations over human rights and the rights of nature, those responsible have proposed some solutions to climate change that instead of addressing the true causes, maintain the unsustainable production and consumption structures and project onto the backs of the people and the most-affected countries the costs of mitigation or adaption.
Developed countries have not fulfilled the greenhouse gas emissions reduction agreements of the Kyoto Protocols, and have created an emissions trading system instead of eliminating carbon encourages practices that don’t actually reduce it, reproducing the speculative logic of the financial system and allowing companies and governments of the North to evade with money the assumed obligations to reduce emissions.
Biofuels do not constitute a real solution to the environmental problematic. The change in the use of land for cultivating palm and cane puts at risk food sovereignty, forests, biodiversity and the territorial relationships of native and rural communities. The purpose of biofuels is to maintain the patterns of energy consumption of industrialized countries.
Market mechanisms are based upon manipulation and business lobbying, incentivized and even financed by the World Bank, the International Development Bank and other development banks, investors and lenders. They are slow and complicated mechanisms that exclude local and indigenous communities from the decisions that affect their territories. These instruments don’t solve the climate crisis, but instead allow the North to transfer its obligation to reduce emissions and the problem itself to the people of the South.
The recent negotiations in Bangkok and Barcelona, preceding the meeting in Copenhagen, have served as the stage for the countries of the North to align their agreements on the reduction of emissions with the commitments of the countries of the South, who they blame for the lack of results and agreements. We demand the participation of all countries in the search for solutions to climate change, but recognizing that in order to be effective, the starting point should be the respect for and compliance with the commitments and diversified obligations agreed upon by industrialized countries more than 15 years ago, in agreement with their historic obligation. Even if there are advances in the commitments of the South, there is no guarantee that the mitigation of the countries of the North will be effective (and not using false market solutions, as has occurred until now).
The International Financial Institutions, co-responsible for the current global financial, economic and climate crisis, promote market solutions through credit programs that allow them to maintain the status quo and continue intervening in the political and social economy of the countries of the South. We therefore demand the immediate end of this conduct of the International Financial Institutions, which only contributes to the imposition of a speculative logic in the management of climate issues. No resource destined to the mitigation or adaption of climate change should be converted into debt.
We demand from the industrialized countries a commitment to the restitution and reparation for the peoples and countries of the South, through mechanisms and alternative flows of funds and the transfer of technologies in order to assure the life of the planet. The necessary reparations should be based on the autodetermination of communities and with the guarantee of no repetition.
All governments should promote alternatives that contribute to the mitigation of the effects of climate change. Similarly, it is essential to discuss current proposals, like the REDD program (Reduction of Emissions from Deforestation and Degradation), which prioritize monocultures of trees instead of the protection of tropical forests, offering industrialized countries a way to compensate for increased emissions of greenhouse gases without committing to reducing emissions.
Alternatives from the Americas
As social organizations we demand that our governments prioritize the strengthening of local and regional economies; peasant agriculture; and the recognition of the rights of working men and women, indigenous peoples, peasants, and fishermen to protect their territory and natural resources. The governments should promote the transition to sustainable societies that are not based on hydrocarbons. Public policies that guarantee a just transition to another economy are necessary so that it won’t always be the same ones picking up the bill.
The international climate negotiations can’t be based on market mechanisms, but instead should contribute to the reversal of the development model based on unrestricted export-oriented growth. The negotiations should look to a new model of production, consumption, distribution and consumption, based on the sovereignty, solidarity and integration of peoples. We demand that those responsible for climate change transform the consumer lifestyle and the economic system that they have imposed on society.
For the indigenous communities, women, peasant and afro-descendent communities of our countries, the defense of projects that sustain life has been very important. Along with other social movements they have been constructing a different vision of territory, development, and economics that emphasizes biodiversity and the sustainable use of resources. It is necessary to recognize and appreciate the community knowledge and the traditional practices bases on coexistence with Mother Earth and respect of her rights.
Our continent is heterogeneous. From dense urban populations to tiny villages that promulgate the Good Life. We should nourish ourselves with these realties in order to formulate alternatives, demand effective commitments from governments and advance in the struggle of the people for sovereignty and social and climate justice.
Intial signatures:
Organizaciones regionales
Alianza Social Continental
Confederación Sindical de Trabajadoras y Trabajadores de las Américas
Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas CAOI
Marcha Mundial de Mujeres
Red Internacional de Género y Comercio –IGTN
Red de Mujeres Transformando la Economía REMTE
Jubileo Sur
Acción Ecológica – Ecuador
Acción Vital (Ecuador)
Across the Americas
Alianza Social Continental (Perú)
ATTAC Argentina
CEDES (Ecuador)
Centro América por el Diálogo -CAD-
CENSAT Agua Viva (Colombia)
Chile Sustentable
Chile Sustentable
Colectivo de Mujeres Acción política por la Equidad (Ecuador)
Comisión Nacional de Defensa del agua y la Vida/Perú - CONAGUAyVIDA
Confederación Nacional de Afiliados al Seguro Campesino (Ecuador)
Consejo Permanente de Sindicatos Andinos del Agua
Coordinadora Política de Mujeres (Ecuador)
Democracia Socialista (Ecuador)
Ecuador Decide
FASE - Solidariedade e Educação (Brasil).
Federación nacional de Trabajadores del Agua Potable y alcantarillado del Perú - FENTAP
Frente Democrático Campesino de Chihuahua (México)
Fundación Solón (Bolivia)
Grupo Género y Economía (Perú)
Movimiento Social Nicaragüense Otro mundo es Posible/ Nicaragua
Movimiento Tzuk Kim-pop (Guatemala)
Nexos Culturales (Ecuador)
Plataforma Boliviana frente al Cambio Climático
Programa Argentina Sustentable
Programa Cono Sur Sustentable
Red Brasilera por la Integración de los Pueblos -REBRIP
Red Colombiana de Acción frente al Libre Comercio – RECALCA
Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC)
RED VIDA- Red de Vigilancia Interamericana en defensa del Agua
Papda

