TLC EEUU-CAN: En San Juan, se apresuran las negociaciones

Martes 28 de septiembre de 2004 por Alianza Social Continental
21/9/2004
Comunicado de prensa
Red Colombiana de Acción frente al Libre Comercio y el ALCA, Recalca
septiembre 14 de 2004
La cuarta ronda de negociaciones del TLC EEUU-CAN se realizo en la apartada población de Fajardo, a cincuenta kilómetros de San Juan, en un caro y exclusivo hotel que aseguro el aislamiento de los negociadores de la población local e impidió que el movimiento social se manifestara en contra del tratado. El gobierno de la isla, que según una columnista puertorriqueña solamente puso los refrigerios y el alojamiento, postuló a la capital, San Juan, como futura sede del ALCA.
Antes de sentarse a la mesa de negociaciones Estados Unidos no mejoró sus ofertas ni hizo nuevas peticiones de acceso a mercados, incumpliendo lo pactado rondas atrás. Los gobiernos andinos abrigaban la ilusión de que Estados Unidos abriera generosamente sus mercados y quedaron nuevamente desilusionados. La estrategia norteamericana ha sido clara desde el comienzo: hasta que los andinos no hagan más concesiones normativas, no dará la zanahoria. Nadie fue capaz de decirles que entonces se debían aplazar las negociaciones hasta cuando estuvieran listos a cumplir el cronograma acordado. Por el contrario y sin haberse sentado a la mesa, el ministro Cano, presionado por la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, anunció que se podría eliminar la franja de precios y en cambio mirar otros mecanismos alternativos de protección y durante la ronda se habló que Perú reestructuraría la franja para algunos productos, con ello quedó vencido el criterio de la franja de precios y se reemplazó por un análisis producto por producto.
La negociación se inició con la noticia de la renuncia a su cargo del representante comercial de EEUU, Robert Zoellick, a partir del 20 de enero de 2005, la reacción de los negociadores andinos fue, en lugar de detener las conversaciones y esperar que Estados Unidos estabilice su equipo, anunciar que el cronograma de negociación debería acelerarse. Los representantes andinos consideraron el adelanto de la cita de Guayaquil y aprobaron la realización seguida de las dos últimas dos rondas, en diciembre y enero, en Estados Unidos. A ellos, les parece una ventaja tratar con un personaje que no asiste a las negociaciones y que cuando habla sobre las mismas es para hacer exigencias como la eliminación de las franjas de precios y poner nuevos condicionamientos a los países andinos. El tono de las declaraciones durante la ronda de Fajardo fue grave, en los negociadores andinos se consolida la posición de que si se quiere firmar el tratado, hay que hacer a Estados Unidos más concesiones de las que le hicieron Chile y los países centroamericanos. Estados Unidos lo ha dicho con arrogancia y en todos los tonos: si el tratado es para mantener lo ya definido en la OMC sería inútil y si no se arranca a los andinos lo que lograron con los otros tratados, sería un retroceso para ellos. Por otra parte para los negociadores estadounidenses está descartado introducir cualquier cambio en su legislación a raíz del tratado, mientras que piden de los andinos toda clase de cambios en sus normas internas, incluyendo las normas andinas. La delegación estadounidense se obstinó hasta el último momento en rechazar cualquier referencia a la declaración de Doha de la OMC en la cual se da prelación a la salud pública en materia de patentes por encima de los derechos de propiedad intelectual.
Estados Unidos marcó el ritmo, las prioridades y las urgencias en las negociaciones. La reunión se concentró en los textos y del acceso de productos andinos al mercado estadounidense no se hablará sino al final, cuando se los haya exprimido en materia de inversión, compras estatales y propiedad intelectual. Fue tan lánguido el resultado de la ronda que la negociadora estadounidense Regina Vargo, tuvo que prometer, en una rueda de prensa, que los países andinos al final del proceso conseguirán más de lo que tienen en el ATPDEA, cosa que llenó de entusiasmo a los dirigentes gubernamentales andinos que temían regresar a sus países nuevamente con las manos vacías. Lo que se les olvidó resaltar es que la señora Vargo dijo que eso era precisamente lo que se estaba negociando y con ello reafirmó que Estados Unidos no harán grandes concesiones sino que los andinos debían pagar un alto precio por mantener lo que ya tienen. El mismo día de finalización de las negociaciones la eminencia gris del gobierno colombiano, Rudolf Hommes, sentenció “Lo que se va a negociar ya se conoce. Las posiciones de Colombia y de los Estados Unidos son claras... Si lo que se ha obtenido es satisfactorio ¿vale la pena seguir presionando?
La única información veraz que llegó al pueblo de Puerto Rico la suministraron los opositores al tratado. Más de cinco horas de entrevistas en las principales cadenas de radio y un largo reportaje en el diario de mayor cubrimiento del país, el Nuevo Día, mostraron el verdadero rostro del proyectado tratado. Voceros del Concilio de Iglesias como Ángel Luis Rivera, del Movimiento Nacional Hostosiano como Félix Colon e intelectuales y académicos de reconocida prestancia nacional como Juan Rosario de la organización Misión Industrial y el economista e historiador Nelson Rochet acompañaron en las diversas entrevistas a Enrique Daza vocero de la Red Colombiana de Acción frente al Libre Comercio, Recalca y a Aurelio Suárez Director Ejecutivo de la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria quienes llevaron la vocería de la Alianza Social Continental. Los dirigentes puertorriqueños mostraron cómo su país ha sido durante cien años el laboratorio de las políticas de libre comercio que arruinaron la producción local y produjeron una burbuja consumista que esconde una grave situación social y un permanente saqueo del trabajo nacional y de los recursos naturales por parte de las multinacionales norteamericanas.
Durante la Ronda Estados Unidos negoció por aparte con cada país el tema agrario y la cooperación en materia laboral con el beneplácito de los andinos ya que desde el primer día el viceministro de agricultura de Colombia los justificó diciendo que “cada país tiene sus especificidades”.
Lo que los negociadores no supieron y se trató de ocultar a la opinión pública de los países andinos es que las protestas no se limitaron al grupo de Puertoriqueños que en el sitio de la reunión llevó pancartas protestando contra el tratado. Durante la semana de negociaciones más de 60 mil indígenas se movilizaron en el departamento del Cauca, más de 100.000 camioneros comenzaron un paro indefinido y más de 100 mil colombianos salieron también a la calle en movilizaciones. Todas estas protestas incluyeron como tema central la condena al TLC. La iglesia católica aportó al análisis y el Cardenal Rubiano de Colombia manifestó sus preocupaciones sobre la necesidad de resguardar la salud pública y la producción campesina.
La ronda transcurrió en medio de un huracán que alteró el desarrollo de las negociaciones. Cualquier habitante de Puerto Rico sabe que esta es la temporada oficial de huracanes. Hasta la elección del clima la hacen los estadounidenses. Solamente una tormenta popular podrá detener esta comedia de negociación en la cual se quiere en las últimas dos rondas protocolizar la rendición de los gobiernos del área.