EL TLC agoniza: hay que aplicarle la eutanasia

RECALCA, Bogotá, abril 18 de 2008

El TLC sufrió una nueva derrota. El mismo Bush lo considera moribundo y el presidente Uribe sigue, para vergüenza del país, mendigando a los demócratas que reconsideren su posición. Bush no convenció a la Presidenta del Congreso Pelossi de que lo tramitara y Uribe cree que él si puede convencerla con ruegos.

Las cosas le salieron al gobierno colombiano totalmente distintas de lo que estaba planeado: EE.UU. comenzó negociando con 4 países de la CAN y terminó firmando con 2. Las negociaciones estaban programadas para adelantarse en 8 rondas, durante un año y se prolongaron por 16 y dos años, eso sin contar que después del cierre el gobierno colombiano siguió concediendo privilegios a EE.UU. y que los demócratas forzaron cambios en un texto que Uribe había considerado sagrado e inmodificable. Desde noviembre de 2006 el Congreso de Estados Unidos le hizo el quite, hasta la semana pasada, cuando el presidente Bush quiso presionar una votación y la respuesta de la mayoría demócrata fue congelarlo indefinidamente. En conclusión 47 meses después de iniciado el proceso no solo no hay TLC, sino que se encuentra en cuidados intensivos casi agonizante o postergado por lo menos un año.

La arrogancia terminó por hundir algo que al principio de las negociaciones, en mayo de 2004, parecía fácil de aprobar. Se equivocaron quienes formularon la tesis de la inevitabilidad y que acusaban a quienes nos oponíamos de ir en contra del curso natural de la historia.

Para la población colombiana y para quienes desde el principio explicamos los verdaderos propósitos del TLC, es un motivo de satisfacción que el TLC hoy esté congelado, pues esto implica que aún no podrá ser impuesta por medio de convenios internacionales la agenda de las trasnacionales extranjeras y que hay un nuevo margen para explicar la inconveniencia del mismo. Si bien es cierto la razón principal de la derrota del TLC es la gravosa situación de Derechos Humanos, los vínculos de políticos Uribistas con el paramilitarismo y la misma situación interna de EE.UU., nuestra posición crítica siempre ha sido la de insistir en lo lesivo del Tratado para la economía, para los colombianos y para esos mismos derechos que hoy se violan.

Las acciones que contra el TLC adelantamos millones de colombianos, desde prominentes empresarios hasta humildes campesinos, desde reconocidos intelectuales hasta estudiantes bachilleres, industriales nacionales, mujeres, centrales obreras e indígenas, en todas las clases sociales y todas las regiones, no han sido en vano. Pero la guerra contra el TLC no se ha ganado todavía y debemos multiplicar lo ya realizado con las marchas, protestas, foros, conferencias, reuniones, debates y artículos de opinión, a lo largo y ancho del país, para derrotar definitivamente este acuerdo antinacional.