McCain no es bienvenido en Colombia

Bogotá, 29 de junio de 2008
Fue confirmada la visita a Colombia del precandidato presidencial John McCain, quien es fuertemente apoyado por el presidente más desprestigiado en la historia de Estados Unidos: George Bush. Esta impopularidad no se debe solamente a su desastrosa y agresiva política internacional, sino a su gestión interna que ha llevado a una crisis a la economía estadounidense que algunos califican como la peor desde los años 30. McCain asegura que continuará las guerras de Bush y el fundamentalismo de libre mercado y que viene a apoyar el Plan Colombia y el TLC.

No es frecuente que un candidato presidencial venga a Latinoamérica y menos a Colombia en vísperas de las elecciones. Escoger justamente al gobierno más cuestionado y aislado de América Latina para hacer un viaje al exterior, en la antesala del certamen electoral, revela su debilidad. El otro viaje que realizó recientemente fue a Irak.

La visita seguramente ni siquiera se la consultaron a Uribe, tan solo le habrán informado y él simplemente dijo que sí. El plan es enviar una señal a América Latina y buscar el voto hispano. Al mismo tiempo, expresa un claro mensaje a las multinacionales estadounidenses de que McCain defenderá su agenda, sus intereses y sus negocios. Con su visita le da a las relaciones con Colombia un nuevo y fuerte componente geopolítico y estratégico que aparece como un respaldo al gobierno de Uribe, pero puede convertirse en el ‘harakiri’ para un candidato que ya tiene una desventaja con Obama de más de 10 puntos, según las encuestas.

El momento de la visita es particularmente crítico, pues Uribe acaba de desconocer la autoridad de la Corte Suprema de Justicia, que en el caso de Yidis Medina determinó que hubo “compra de la conciencia en aras de obtener un beneficio particular”, por lo que considera que el acto legislativo de la reelección es ilegal. La respuesta de Uribe fue citar a un referendo para repetir la elección, lo que amenaza todo el orden institucional y la democracia del país. Mccain viene a apoyar todo esto.

El candidato republicano personifica los intereses más conservadores y agresivos de las multinacionales gringas. Asociarse a la defensa a ultranza del TLC le puede gustar mucho a Uribe, pero a un Congreso de mayoría demócrata lo puede impeler a radicalizar su oposición contra el TLC. En este sentido, la visita de McCain evidencia que el presidente Uribe se asocia a los sectores más retardatarios de la política estadounidense, cosa que los colombianos sabemos de toda la vida, pero una prueba más no sobra.

El problema en el momento es cómo reaccionará Obama. Puede mantener sus distancias con Uribe y ratificar sus críticas a las violaciones de los derechos humanos en Colombia, pero también puede picar el anzuelo e intentar emular a McCain sobre quién apoya más consecuentemente la agenda de las multinacionales. Ha hecho declaraciones en uno y otro sentido: quiere replantear la política comercial de Estados Unidos, pero al mismo tiempo preservar su hegemonía. Ha apoyado los TLC pero quiere introducirles enmiendas. Cuando piensa en ganar las elecciones no piensa en Colombia ni en asociarse con Uribe sino en unas vagas promesas de cambio que reclaman los estadounidenses.

En medio de este intrincado ajedrez, un grupo de demócratas presentó una propuesta de Ley Comercial (Trade Act), que quiere replantear las relaciones comerciales de Estados Unidos. Ésta iniciativa, que se mueve en una dirección correcta, es insuficiente, pues aunque pone talanqueras al Ejecutivo para definir la política comercial, cree que Estados Unidos, dentro del contexto actual, puede virar hacia un comercio justo. El proyecto de Ley, limitado y tímido, ni siquiera ha sido apoyado oficialmente por Obama, y al menos en las actuales circunstancias parece inviable. Nadie en el Congreso estadounidense está dispuesto a quemarse las pestañas sobre el tema. El candidato demócrata ni siquiera quiere ocuparse seriamente de ese asunto.

McCain no es bienvenido. Para el pueblo colombiano su visita representa la ratificación de que Uribe ha condenado al país a ser una ficha mas para el imperio. Uribe cree que está en el ojo del huracán, pero apenas es un instrumento más de los republicanos. Debemos levantar la más enérgica protesta, contra el propósito de que Colombia siga siendo el furgón de cola de los intereses de las multinacionales estadounidenses y Colombia necesita replantear de una forma fundamental las relaciones con esa potencia.

Tomado de:RECALCA