Darle vuelta a la OMC 2013: Alimentos, fuentes de trabajo y desarrollo sustentable en primer lugar

Que viva la vida, la tierra y la lucha!. Tras más de tres décadas de experiencia con un modelo de globalización agenciado por las grandes empresas transnacionales, es claro que este particular modelo de globalización le ha fallado a los trabajadores, agricultores y al medioambiente, mientras que ha facilitado el enriquecimiento sin fronteras de unos pocos privilegiados.

El surgimiento de las crisis financiera y económica de los últimos cinco años a nivel mundial ha puesto de manifiesto muchos impactos negativos de las políticas, tales como: la desregulación del sector financiero que tuvo como resultado el colapso financiero y la pérdida de fuentes de trabajo; la mercantilización de los mercados agrícolas que tuvo como resultado la volatilidad de los precios de los alimentos y hambre; las políticas de liberalización con carrera de nivelación hacía abajo de los estándares en la producción, que tuvieron como resultado distintas tragedias como el colapso de la fábrica de Bangladesh donde murieron más de 1000 trabajadoras y trabajadores textiles; monopolios de propiedad intelectual que limitan el acceso mundial a medicamentos que salvan vidas; y políticas de expansión del comercio empresarial (en lugar del comercio para el desarrollo) que exacerban la crisis climática. A pesar de estos graves daños, estas políticas de liberalización, desregulación y monopolización empresarial constituyen la médula espinal del sistema de comercio mundial actual, consolidado por la Organización Mundial del Comercio (OMC) desde 1995.

El surgimiento de las crisis financiera, alimentaria, económica y otras- que las normas de privatización y liberalización de la OMC no pudieron prevenir y además contribuyeron a generar- representa una oportunidad para reflexionar sobre los graves problemas endémicos del modelo particular de globalización que la OMC ha consolidado a nivel mundial. Desafortunadamente en el seno de la OMC no se reconoce en absoluto hasta qué punto esta organización ha contribuido con las crisis mundiales; por el contrario, muchos miembros han trabajado expresamente para que se mantenga enfocada en aumentar el comercio empresarial sin tener en cuenta los costos humanos o ambientales.Por eso, en el seno de la OMC, algunos miembros (en representación de sus intereses empresariales) buscan incluso ampliar estas políticas fallidas a medida que se prepara el camino hacia la 9ª Conferencia Ministerial de la OMC, que se llevará a cabo en Bali, Indonesia, del 3 al 6 de diciembre de 2013.

Aunque es en la OMC donde se establece la trama mundial de estas normas, las mismas políticas también aparecen de manera más extrema en los llamados Tratados de Libre Comercio (TLC) regionales y bilaterales que han tenido como resultado pérdidas de fuentes de trabajo, volatilidad de los precios de los alimentos y un mayor control empresarial extranjero sobre los servicios públicos y los recursos naturales.Estos TLC y la proliferación de Tratados Bilaterales de Inversión (TBI) llevaron a un crecimiento explosivo de demandas de inversionistas contra Estados, a raíz de las cuales muchas leyes de salud, seguridad y medioambiente fueron impugnadas por empresas transnacionales en tribunales privados, que han determinado que los Estados tengan que pagar miles de millones de dólares a las empresas con el dinero de los contribuyentes.

Dada esta situación, la red Nuestro Mundo No Está En Venta (OWINFS, por su sigla en inglés) sostiene que el sistema mundial del comercio debe funcionar a favor del 99%:debe ofrecerle a los países suficiente espacio político para que trabajen en pos de un programa positivo de desarrollo y generación de empleo y debe facilitar, en lugar de obstaculizar, los esfuerzos mundiales para garantizar una seguridad alimentaria verdadera, desarrollo  sustentable,  acceso asequible a la salud y medicamentos y estabilidad financiera mundial. Y debe privilegiar los acuerdos mundiales sobre derechos humanos y sustentabilidad ambiental por sobre las ganancias de las grandes empresas.Por lo tanto, se debe crear una institución totalmente nueva con el mandato central de establecer normas comerciales que les permitan a los países trabajar en pos del desarrollo sustentable y al mismo tiempo disciplinar el comportamiento de las empresas.

 

Entretanto, además, se deben introducir cambios sustanciales a las políticas actuales de la OMC para ofrecerle a los países mayor espacio político para trabajar en pos de soluciones urgentes a estos desafíos mundiales clave. Y se deben reformular inmediatamente las negociaciones preparatorias de la próxima Conferencia Ministerial de modo tal que reflejen la necesidad de cambios radicales en la agenda.

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